Ética en la Inteligencia Artificial


Los beneficios asociados a la tecnología de IA son innegables, su desarrollo y aplicación cada vez mayor están en el orden del día. Ciertamente coincidirá, querido lector, que el potencial de la Inteligencia Artificial (IA) para encontrar soluciones más productivas, de la salud a la movilidad, de la gestión del trabajo a la competitividad, entre otras, así como los riesgos sistémicos potenciales que puede implicar, de la pérdida de libertad de elegir la amenaza global, son cuestiones esenciales que implican respuestas políticas y legales complejas pero necesarias.


Los algoritmos de las redes sociales nos permiten reencontrar amigos, pero también pueden ser manipulados para influir en nuestras decisiones. Las aplicaciones de IA introducen soluciones más productivas, nuevos productos y servicios, pero el autoaprendizaje puede causar daños.

La adopción por el Parlamento Europeo el 16 de febrero de 2017 de una resolución no vinculante que contiene varias recomendaciones a la Comisión Europea sobre normas de Derecho civil para la robótica constituye el primer paso importante hacia la reglamentación legal de la IA en la Unión Europea. Son recomendaciones sobre diversos aspectos importantes, en particular sobre responsabilidad civil, normalización, registro obligatorio, seguridad, códigos de conducta y autorregulación, derechos de propiedad intelectual, que justifican bien nuestro análisis y reflexión.


Como punto de partida general, me parece que la reglamentación legal debe orientarse hacia el modo en que la IA se aplica y no para la tecnología como tal. Lo que deberíamos prevenir o evitar, mediante la reglamentación necesaria pero adecuada, son los riesgos derivados de las aplicaciones de IA fuera del marco del Estado de Derecho que, como sabemos, se desarrolla dentro de fronteras éticas. Hasta porque hoy nadie sabe realmente qué procesos y aplicaciones de IA se van a desarrollar ya qué ritmo.

Las respuestas legales (regulación, etc.) deben atender también al contexto y finalidades perseguidas. Por ejemplo, la transparencia en los procesos de IA en el ámbito de la salud parece un dato vital para la conformidad de los resultados, mientras que en el ámbito de los vehículos autónomos, por ejemplo, la atención debe centrarse más en mecanismos de rendición de cuentas efectivos que aseguren mejor funcionamiento de los sistemas, desde el punto de vista de sus usuarios, como no puede dejar de ser. Otras realidades, como la seguridad nacional y la ciberdelincuencia, también deben tener principios y reglas en forma de orden propio que aseguren su efectividad al mismo tiempo que promuevan la defensa de nuestra libertad individual y colectiva.

También importará en este proceso de regulación realizar el balance económico neutro de cada propuesta frente a los datos del mercado. No es un dato histórico que la tecnología haya reducido el empleo. Lo que se constata, en cambio, es que la tecnología ha multiplicado empleos y oportunidades. La utilización de la tecnología también permitió aumentar el cobro de los impuestos sobre los beneficios de las empresas. Por principio, me parece que no se deben gravar las máquinas sino la riqueza creada por las máquinas.

En este contexto, en materia de responsabilidad del productor, por ejemplo, el régimen europeo vigente ya asegura una articulación equilibrada entre riesgo comercial e innovación, por una parte, y presunciones legales y responsabilidad solidaria, por otra; esta articulación presenta virtualidades que podrán modelar satisfactoriamente, al menos de modo tendencial, las aplicaciones de IA dirigidas a los usuarios intermedios y finales. No me parece posible prever en este momento la ruptura del vínculo entre la decisión humana y los resultados de las aplicaciones de IA, en lugar de lo que se ofrece como más patente es la creciente implicación humana especializada en el contexto de la innovación tecnológica.

No creo que sea adecuado hablar en un futuro “derechos de los robots”, en el sentido personalista similar a la singularidad de la persona humana. Los robots pueden ser “unidades económicas” o incluso “empresas”, pero éstas son seres aparentes, porque, destituidos de mente, sentimientos y voluntad propia, sólo pueden ser concebidos como activos indisociables de los individuos que tienen el control efectivo de los intereses económicos derivados. Pero, en todo caso, cuanto mayor sea la autonomía del robot más rigurosa deberá ser la responsabilidad de sus titulares.


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